Sunday, May 14, 2006

“No hay que confundir memoria con historia”

Compartimos con Uds este artículo de Pierre Nora .

" Memoria e historia funcionan en dos registros radicalmente diferentes, aun cuando es evidente que ambas tienen relaciones estrechas y que la historia se apoya, nace, de la memoria. La memoria es el recuerdo de un pasado vivido o imaginado. Por esa razón, la memoria siempre es portada por grupos de seres vivos que experimentaron los hechos o creen haberlo hecho. La memoria, por naturaleza, es afectiva, emotiva, abierta a todas las transformaciones, inconsciente de sus sucesivas transformaciones, vulnerable a toda manipulación, susceptible de permanecer latente durante largos períodos y de bruscos despertares. La memoria es siempre un fenómeno colectivo, aunque sea psicológicamente vivida como individual. Por el contrario, la historia es una construcción siempre problemática e incompleta de aquello que ha dejado de existir, pero que dejó rastros. A partir de esos rastros, controlados, entrecruzados, comparados, el historiador trata de reconstituir lo que pudo pasar y, sobre todo, integrar esos hechos en un conjunto explicativo. La memoria depende en gran parte de lo mágico y sólo acepta las informaciones que le convienen. La historia, por el contrario, es una operación puramente intelectual, laica, que exige un análisis y un discurso críticos. La historia permanece; la memoria va demasiado rápido. La historia reúne; la memoria divide..."


Ingresen a :

iescossettini.edu.ar/material/CatedraAbierta/memoriaEhistoria.doc

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Monday, May 08, 2006

¿Cuáles son nuestras propias faltas?

Eduardo Grüner anota: «Se habla, sí, de falta de memoria. Pero la memoria es, constitutivamente, una falta. Y es por lo que falta —y no por lo que sobra— que se organiza la historia. La historia, como la economía en su definición clásica, es la administración de la escasez. Lo que sobra, el excedente, es lo que se vende en el mercado. Y el mundo de hoy es un gigantesco shopping de memorias inútiles que no nos permiten interrogar nuestras propias faltas».
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